La voz que inauguró el aire
*por Patricia Bareiro
El 27 de agosto de 1920, cuatro jóvenes visionarios Enrique Telémaco Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica instalaron un rudimentario transmisor en la terraza del Teatro Coliseo de Buenos Aires. Desde allí, lograron transmitir la ópera Parsifal de Richard Wagner, escuchada por apenas cincuenta receptores en la ciudad.
Ese gesto experimental, protagonizado por los llamados “locos de la azotea”, colocó a la Argentina en la vanguardia mundial de la radiodifusión y dio inicio a un medio que transformaría la comunicación, el entretenimiento y la educación.
La trascendencia de aquel acontecimiento no se limita al ámbito cultural: también abrió un camino académico. La radio se convirtió en objeto de estudio en carreras de comunicación, periodismo y producción audiovisual, donde se analiza su impacto social, su evolución tecnológica y su rol en la construcción de ciudadanía.
En las aulas, la fecha del 27 de agosto se recuerda como un hito que demuestra cómo la innovación y la pasión juvenil pueden generar cambios históricos. La radiodifusión argentina no solo fue pionera en América Latina, sino que inspiró la creación de programas, emisoras y proyectos comunitarios que hoy se estudian como parte del patrimonio cultural y educativo del país.
Más de un siglo después, la radio sigue siendo un espacio de encuentro y formación: un medio que combina tradición y modernidad, y que continúa siendo objeto de reflexión académica sobre su vigencia en la era digital.