La batalla que consagró a Andresito
*por Patricia Bareiro
En 1818, el litoral argentino atravesaba tensiones políticas tras la caída del gobernador correntino Juan Méndez. La revuelta encabezada por José Vedoya desató un escenario de inestabilidad que obligó a José Artigas a enviar refuerzos. La misión recayó en su aliado y protegido, el general guaraní Andrés Guacurarí.
Con cerca de dos mil hombres, “Andresito” avanzó desde Misiones y ocupó sin resistencia Caá-Catí y Mburucuyá. La respuesta de Vedoya fue atrincherarse en Saladas, donde el 2 de agosto se libró la contienda decisiva. Guacurarí organizó tres columnas de ataque y, pese a la resistencia inicial, las fuerzas correntinas fueron rápidamente superadas. La fuga de Vedoya selló la derrota y dejó a las tropas locales en desconcierto.
El triunfo permitió a Andresito ingresar a Corrientes en son de paz, acompañado por vecinos que se sumaban a su marcha. Ya en la capital, celebró un solemne Tedéum junto al obispo y asumió la gobernación interina por siete meses. Su gesto de entrar desarmado simbolizó la intención de unir y no de someter, reforzando su imagen de líder popular y defensor de los federales.
La Batalla de Saladas no solo consolidó la figura de Guacurarí como estratega militar, sino que lo proyectó como referente político en la región. A más de dos siglos, su victoria recuerda la capacidad de los pueblos guaraníes de incidir en la historia nacional y de sostener la causa federal en tiempos de incertidumbre.